Incertidumbre total por el paradero de Alfredo Casero

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La temporada en Mar del Plata arrancó con todo, pero no precisamente por el éxito de las boleterías. El clima en los pasillos de los teatros está que arde y los rumores empezaron a correr desde la Bristol hasta la zona de Güemes.

Lo que parecía ser un verano de trabajo y reencuentro con el público se transformó en un misterio que tiene a todos en vilo. Los productores no contestan el teléfono y el hermetismo es absoluto en el entorno más cercano del artista, que siempre se caracterizó por su fuerte personalidad.

Nadie se esperaba un desenlace así en medio de una puesta en escena que prometía dar que hablar. Las funciones estaban programadas y el equipo técnico trabajaba a contrarreloj para dejar todo listo, pero algo se rompió definitivamente en las últimas horas.

La tensión escaló a niveles insoportables durante los últimos ensayos. Los testigos aseguran que los gritos se escuchaban desde la vereda y que la relación con los responsables de la producción llegó a un punto de no retorno absoluto.

El sábado por la tarde ocurrió lo que nadie imaginaba: Alfredo Casero agarró su auto y se fue de Mar del Plata sin mirar atrás. Cargó lo básico, dio un portazo y desapareció de la ciudad balnearia dejando a todos con la boca abierta y los contratos en el aire.

Desde ese momento, el paradero del actor es una verdadera incógnita. No hubo mensajes en sus redes sociales, donde suele ser muy activo, ni tampoco respondió los llamados desesperados de sus socios que intentan salvar la temporada de alguna manera.

La preocupación crece minuto a minuto porque nadie sabe realmente dónde está. Sus fans, que siempre lo siguen a sol y a sombra, inundaron las redes con preguntas y muestras de afecto, pero del otro lado solo hay un silencio que asusta.

Se dice que el estallido de furia con la producción fue la gota que colmó el vaso de una serie de desentendimientos técnicos y económicos. Casero, fiel a su estilo impulsivo, prefirió el exilio en la ruta antes que seguir lidiando con lo que él consideraba una falta de respeto a su trabajo.

Los allegados mantienen una vigilancia discreta, pero el auto fue visto por última vez en la Autovía 2 rumbo a Buenos Aires. El problema es que nunca llegó a sus domicilios conocidos ni se reportó con su círculo más íntimo de amigos.

Los productores están desesperados por el dinero invertido y la devolución de las entradas, pero lo que más pesa hoy es la incertidumbre sobre su estado. Un hombre solo, al volante y con ese nivel de enojo es una combinación que genera alarmas en cualquiera.

El ambiente artístico está en shock. No es la primera vez que Alfredo tiene un cruce, pero irse de una plaza teatral en plena temporada es una decisión compleja. Las luces del escenario quedaron apagadas y el personal del teatro no sabe si volverán a encenderse este verano.

Mientras tanto, los teléfonos en las redacciones no paran de sonar buscando una foto o un rastro del vehículo. La ruta es larga y las opciones de destino son muchas, pero el silencio de radio que mantiene el actor es lo que más inquieta a los que lo quieren.

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¿Fue un rapto de locura o una retirada estratégica? Nadie tiene la respuesta. Lo único cierto es que el sábado la Feliz perdió a uno de sus protagonistas más polémicos y que hoy, a esta hora, la silla de Casero sigue vacía y nadie sabe cuándo va a aparecer.

La interna con la productora local sería mucho más profunda de lo que se cuenta. Hablan de promesas incumplidas y de un destrato que el creador de Cha Cha Cha no estuvo dispuesto a dejar pasar, cueste lo que cueste.

Habrá que ver si en las próximas horas hay algún indicio de su paradero o si Alfredo decide romper el silencio desde algún lugar recóndito.

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