El mundo de los medios suele dar sorpresas que nadie ve venir, y esta es una de esas que sacude la estantería. Horacio Cabak, un nombre que se volvió familiar en la mesa de cada casa, decidió dar un paso al costado.
Su despedida de la Radio El Observador no fue un adiós más; fue el cierre de un ciclo que dejó una marca en la audiencia que lo acompañó fielmente cada mañana.
La noticia se venía madurando en los pasillos, pero el impacto se sintió fuerte cuando se hizo oficial. Cabak, con su estilo directo y esa presencia que llena la pantalla y el dial, se despidió de su programa.
No hubo vueltas, solo la confirmación de que su camino ahora toma un rumbo distinto, lejos de los micrófonos que lo cobijaron este último tiempo.
Pero en los medios el aire no se detiene y la silla vacía ya tiene dueño. La radio no tardó en mover sus piezas para calmar la ansiedad de los oyentes. El elegido para esta difícil tarea es un viejo conocido, un profesional que sabe lo que es cargar con la responsabilidad de informar con seriedad.
Se trata de Franco Mercuriali, quien viene de cerrar su propia etapa en Radio Rivadavia apenas este último domingo 28 de diciembre.
La cuenta regresiva ya empezó. Desde la emisora lanzaron el anuncio que puso fin a las especulaciones: “Vuelve Franco. Desde el 2 de febrero, @francomercu vuelve y se suma a la programación de El Observador con Mercuriali 107.9 de lunes a viernes, de 13 a 16 hs”.
Es un cambio de mando que promete mantener la esencia de lo que el público busca: confianza y buena compañía.
Mercuriali no es un improvisado. Su salida de Rivadavia fue emotiva y marcó el final de una relación de años con su audiencia anterior. Ahora, el desafío es inmenso.
El horario de 13 a 16 es clave, es ese momento donde la información se mezcla con la sobremesa y la gente busca una voz amiga que le cuente la realidad sin filtros.
La partida de Cabak deja una mezcla de nostalgia y expectativa. Horacio supo construir un vínculo que va más allá de lo laboral; se transformó en alguien que está ahí, del otro lado, escuchando y hablando como uno más.
Su mudanza y este cambio de vida personal que lo aleja del programa son entendibles, pero no por eso menos movilizantes para quienes prendían la radio solo para escucharlo a él.
Ahora todas las miradas están puestas en el 2 de febrero. Mercuriali tiene la tarea de tomar esa posta y darle su propia impronta. Los pasillos de la radio ya sienten ese clima de renovación, de nervios lindos por lo que vendrá. Es el ciclo natural del periodismo: alguien se va dejando un gran recuerdo y otro llega con la ilusión de ganarse un lugar en el corazón de la gente.

El vacío que deja Cabak es grande, pero la trayectoria de Mercuriali asegura que la transición será con el respeto que el oyente se merece.
Será cuestión de esperar al verano para que la nueva voz de El Observador (107.9) empiece a escribir su propia historia en ese dial que tanto nos gusta.
