La imagen no fue la habitual. No hubo estudio de televisión ni micrófonos, tampoco debates encendidos ni frases altisonantes. Esta vez la escena ocurrió lejos, en otro país, y con un clima que nada tuvo de espectáculo. Una calle a oscuras, gente reunida en silencio y un gesto que mezclaba desconcierto con cansancio marcaron el inicio de una historia que se fue conociendo de a poco.
El comienzo del año sorprendió a más de uno. Mientras muchos todavía ordenaban rutinas tras las fiestas, otros eligieron viajar. Entre ellos, Jorge Rial, que decidió arrancar el 2026 fuera de la Argentina, acompañado por su pareja, María del Mar. Un plan personal, sin anuncios rimbombantes, que terminó alterado por una situación inesperada.
Las primeras señales llegaron a través de las redes sociales. Fotos breves, textos cortos y un tono más calmado de lo habitual. Nada parecía indicar una gravedad extrema, aunque el contexto despertó inquietud. Personas reunidas en la vía pública, edificios de fondo y una sensación de alerta difícil de disimular. No era una postal turística.
Desde el entorno cercano intentaron bajar el dramatismo. Se habló de precaución, de protocolos y de una situación ya controlada. Aun así, el episodio dejó una marca. No todos los días se vive una experiencia así, y menos lejos de casa, en un país con reglas y reacciones distintas a las propias.
Luego apareció el dato central. Jorge Rial y su pareja habían sido evacuados en México tras un terremoto de magnitud 6.6 que tuvo como epicentro la ciudad de Acapulco. El movimiento se sintió con fuerza también en otras zonas, incluida la Ciudad de México, donde se encontraba el periodista.
El propio Rial fue quien lo contó. En una de sus historias de Instagram escribió: “Mi primer terremoto en México, 6.6, cerca de las 8. Se sintió fuerte”. La imagen lo mostraba en la calle, rodeado de otras personas que, como él, habían salido de sus edificios apenas sonaron las alarmas.
Luego llegó un mensaje más extenso, con un tono que mezcló alivio y sorpresa. “Impresionante el sistema de alarma”, destacó, y agregó: “El terremoto se produjo en Acapulco, a 380 km de la Ciudad de México, pero se sintió fuerte. Tembló el edificio. Uno sale con lo puesto. Ya pasó. Todo vuelta a la normalidad”. Un relato simple, sin épica, más cercano a la crónica que al dramatismo.
Más tarde, en diálogo con un medio radial, sumó detalles que dejaron ver el momento de tensión. “Te suena una alarma con una voz muy aguda. Yo no reaccionaba, María fue la que reaccionó y me dijo ‘Vamos, vamos, vamos…’”, contó. El periodista reconoció que quedó paralizado por segundos, algo que suele pasar en situaciones límite.
También habló del comportamiento de la gente. “Cuando bajamos la gente ya estaba en la calle, la gente estaba muy tranquila, ya había policías. La gente en silencio. Me llamó la atención”, dijo. Un contraste marcado con otras experiencias conocidas en la Argentina, donde el caos suele ganar terreno.
Tras el susto, Rial decidió hacer reposo. No es un dato menor: su estado de salud ha sido tema recurrente en los últimos años y cualquier sobresalto genera atención. Desde su entorno señalaron que se encuentra bien y que el episodio no pasó a mayores, aunque optó por bajar el ritmo.

El conductor intentó llevar tranquilidad a quienes siguen de cerca sus movimientos, aunque evitó exageraciones. Esta vez no hubo discursos grandilocuentes ni peleas mediáticas. Solo un episodio inesperado, vivido lejos, que lo obligó a salir corriendo con lo puesto y a enfrentarse a una realidad que no se discute en televisión.
Un comienzo de año distinto, marcado por un sacudón real, lejos de las polémicas habituales. Una experiencia que, al menos por un momento, dejó a Jorge Rial fuera de su zona de control.
