La calma del verano en Tribunales está a punto de romperse y todas las miradas apuntan a un solo nombre: Viviana Canosa. Con el final de la feria judicial cada vez más cerca, el conflicto que mantiene con Lizy Tagliani vuelve a entrar en una etapa clave, con definiciones que podrían reactivar el expediente y generar un nuevo capítulo mediático.
La historia viene de arrastre, pero el punto que hoy vuelve a encender el tema está vinculado a una decisión tomada a fines de diciembre, en la previa del receso judicial. Aunque en ese momento pareció que el caso se encaminaba a cerrarse, el enojo del entorno de Lizy y la intención de seguir insistiendo por una respuesta pública hicieron que el conflicto quede lejos de terminar.
Lo que está en juego no es solo una causa por calumnias e injurias: también aparece un debate que siempre genera ruido, sobre todo cuando hay figuras públicas involucradas. ¿Alcanza con pagar una multa para dar por cerrado un tema de esta magnitud?
El origen del conflicto: acusaciones graves y una denuncia judicial
El enfrentamiento se desató cuando Canosa lanzó acusaciones muy graves contra Tagliani, vinculándola con supuestos hechos ocurridos en una etapa pasada, cuando Lizy habría trabajado como asistente.
Lizy, lejos de dejar pasar el tema, decidió avanzar en el terreno judicial con el objetivo de defender su nombre y su imagen pública. Desde entonces, el conflicto quedó instalado como una disputa que, más allá del espectáculo, tomó un rumbo formal y legal.
Los 30 mil pesos que encendieron la polémica
Cuando el juicio oral parecía cada vez más cercano y la posibilidad de un cruce en un ámbito público empezaba a tomar forma, ocurrió un movimiento que generó sorpresa.
De acuerdo a lo que trascendió, la defensa de Canosa habría recurrido a una herramienta legal que permite extinguir la acción penal mediante el pago de una multa. La cifra mencionada en el expediente ronda los $30.000 pesos.
El monto no pasó desapercibido. No solo por lo bajo que resulta frente a la repercusión del caso, sino por el mensaje que dejó instalado: un conflicto de alto impacto mediático y judicial que podría cerrarse con una suma que, en la práctica, muchos consideran menor.
En pasillos judiciales, incluso, se comenta que el pago habría sido el máximo previsto en ese esquema legal. Más allá de lo técnico, el tema abrió una discusión inevitable: para una parte, se trató de una salida legítima; para la otra, de una forma de evitar una instancia pública que podía incomodar.
Lizy no se resigna: insiste con una disculpa pública

El punto central del conflicto hoy no es económico. En el entorno de Lizy lo repiten una y otra vez: no se trata del dinero, sino del cierre simbólico y público del tema.
“Ella no busca plata, busca que se diga la verdad y que se pida perdón”, aseguran desde su círculo cercano, en relación al reclamo de que Canosa haga una disculpa o aclaración pública por sus dichos.
La postura es clara: aunque la multa haya sido pagada, Tagliani intentaría que la Justicia revise la situación y que el caso no quede archivado sin un pronunciamiento más contundente.
El silencio de Canosa y una estrategia que genera ruido
Mientras del lado de Lizy se percibe movimiento, del lado de Canosa domina el silencio. En estas semanas, la periodista evitó hablar del tema públicamente y no dio señales de querer reabrir el conflicto en medios o en su ciclo de streaming.
Esa actitud también se leyó como una estrategia: no alimentar el escándalo, bajar el perfil y dejar que el tema pierda fuerza con el correr de los días.
El problema es que, según trascendió, Tagliani no estaría dispuesta a permitir que el caso se diluya. Y ahí aparece el punto de máxima tensión: febrero puede convertirse en el mes donde se definan los próximos pasos.
Febrero, el mes decisivo: ¿se reabre el expediente?
Con el regreso pleno de la actividad judicial, el juez deberá evaluar si se mantiene firme el cierre del expediente por el pago de la multa o si prospera alguna presentación de la parte de Lizy para revisar la medida.
En el mundo del espectáculo, el tema ya se sigue con atención. No solo por la exposición pública de ambas, sino porque el caso dejó instalada una discusión incómoda: qué peso real tienen las palabras cuando una acusación se vuelve noticia, circula por todos lados y afecta reputaciones.
Por ahora, el conflicto está lejos de apagarse. Y con febrero a la vuelta de la esquina, el caso Canosa–Tagliani vuelve a quedar en primer plano.
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